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IRATI, El hayedo mejor conservado de Europa
La Selva del Irati, con unas 17.000
hectáreas de hayedo-abetal, considerada como uno de los
bosques europeos más extensos y de mayor riqueza
medioambiental, linda también con nuestro término, lo que
posibilita un acceso fácil, incluidas las dos zonas mejor
conservadas: La Reserva Integral de Lizardoia y la Reserva
Natural de Mendilatz.

Se asombrará de la hermosura del paisaje
pirenaico y su espectacular policromía vegetal, que
incluye todas las plantas del bosque húmedo navarro (hayas,
robles y
castaños centenarios, además de abetos,
abedules, acebos, helechales y pastizales sin fin…),
más los grupos de caseríos blancos colgados de las
laderas.
Aquí, donde el hombre conserva sus tradiciones más ancestrales,
siempre relacionadas con el pastoreo y la explotación forestal,
encontramos además las cumbres más altas, los bosques más
frondosos y extensos, las foces más profundas y las especies
faunísticas más raras.
Es un paisaje diferente, de nieve, agua y sol que se deja
descubrir poco a poco en un viaje que muestra sus dos caras:
normalmente la más dulce, y a veces la más salvaje.
Con casi 100 Km. de frontera con Francia y
una naturaleza extraordinaria, conservada intacta durante
siglos, el Pirineo Oriental se ofrece como una opción singular
y diferenciada del resto de Navarra.
Su elevación a 300 metros del nivel del mar le dotan de un
entorno digno de visitar
Palomas y Truchas
Valcarlos-Luzaide está considerado como uno de los
principales pasos de aves migratorias que cada otoñada vuelan a España desde sus cuarteles de cría europeos, con el fin de pasar
el otoño y el invierno beneficiándose de nuestras condiciones
climáticas menos rigurosas y una oferta alimenticia de primer
orden. Por eso, desde comienzos de septiembre, cientos de miles
de pájaros de todas las especies, tamaños y colores inician el
trabajoso ascenso de los montes de esta tierra con dirección
invariable hacia el sur.
De ellos, la fama se la llevan los bandos
gigantescos de palomas torcaces que, a lo largo de cada mes de
octubre y parte de noviembre, pueden observarse en toda su
grandeza sobre las crestas y los valles montañosos. Ni que decir
tiene que además de la observación, su caza está permitida tanto
desde puestos artesanales construidos en las copas de los
árboles querenciosos, como apostados en chozas que salpican las
laderas de los pasos más emblemáticos; una pasión que los
valcarlinos ejercitan desde siempre y que se traduce, una vez
materializadas las capturas, en una sólida cultura gastronómica
que gira entorno a las palomas salvajes.
Otro
atractivo de primera magnitud es la calidad de las truchas de
montaña que esconden las regatas y ríos del término municipal, y
que exigen condiciones deportivas de primera a quienes se
aventuren a lucir sus cañas bien en la práctica de la pesca
convencional, o en la de sin muerte. Además de pescadores
expertos, el acceso a algunos de nuestros parajes más hermosos y
exclusivos implica complicaciones que sólo pueden superarse con
una preparación física más que suficiente.
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